Herencia Peruana · Capítulo 13

El Siglo XX: Cambios y Modernización del Perú

Un siglo de transformaciones profundas: de la oligarquía aristocrática al neoliberalismo, pasando por dictaduras, revoluciones y crisis económicas.


Introducción: Un siglo convulsionado

El siglo XX peruano fue una montaña rusa de transformaciones radicales. El país pasó de una república oligárquica dominada por unas pocas familias de la élite costeña, a experimentos reformistas y revolucionarios, dictaduras militares, terrorismo, hiperinflación, y finalmente a una economía de mercado integrada al mundo global. Entender este siglo es fundamental para comprender el Perú contemporáneo.

La República Aristocrática (1895–1919)

Tras el trauma de la Guerra del Pacífico, el Perú entró en un período de relativa estabilidad política conocido como la "República Aristocrática". El poder estaba en manos del Partido Civil, que representaba los intereses de la oligarquía agroexportadora: grandes familias que controlaban las haciendas azucareras del norte (los Larco, Grace, Gildemeister), las haciendas algodoneras del sur y las minas de plata y cobre de la sierra.

Fue un período de crecimiento económico: se expandió la red ferroviaria, creció la exportación de azúcar, algodón, lana y caucho. La ciudad de Lima se modernizó con bulevares, tranvías eléctricos y nuevos barrios residenciales para la élite. Pero este progreso era profundamente desigual: los indígenas de la sierra permanecían atados a las haciendas en condiciones semifeudales, sin acceso a educación ni a los beneficios del crecimiento.

El Oncenio de Leguía (1919–1930)

Augusto B. Leguía llegó al poder en 1919 mediante un golpe de Estado y gobernó durante once años (de ahí el nombre "Oncenio"). Su gobierno intentó modernizar el Estado peruano: construyó carreteras, amplió la burocracia, buscó inversión extranjera —especialmente norteamericana— y promulgó una nueva Constitución en 1920. Leguía se presentó como el "Gigante del Pacífico" y el impulsor de la "Patria Nueva".

Sin embargo, su gobierno fue también autoritario y corrupto. Persiguió a sus opositores, encarceló y exilió a líderes como Víctor Raúl Haya de la Torre y José Carlos Mariátegui. Además, su política de endeudamiento externo con bancos norteamericanos dejó al Perú vulnerable a la Gran Depresión de 1929. Cuando esta llegó, la economía se derrumbó, la deuda resultó impagable y Leguía fue derrocado por un golpe militar en agosto de 1930.

Inestabilidad y el APRA (1930–1945)

Los años treinta y cuarenta fueron de intensa agitación política. El Partido Aprista Peruano (APRA), fundado por Víctor Raúl Haya de la Torre, se convirtió en el primer partido de masas del Perú, con una base popular entre trabajadores, empleados y sectores medios. El APRA fue sistemáticamente reprimido por los gobiernos militares, lo que generó ciclos de violencia y represalia —incluyendo el trágico levantamiento aprista de Trujillo en 1932, donde murieron cientos de personas.

El general Óscar R. Benavides (1933-1939) y Manuel Prado (1939-1945) gobernaron con mano dura pero también impulsaron una industrialización modesta. Durante la Segunda Guerra Mundial, el Perú se alineó con los aliados y declaró la guerra a Japón y Alemania en 1945.

El Ochenio de Odría (1948–1956)

El general Manuel A. Odría tomó el poder en 1948 mediante un golpe de Estado y gobernó ocho años (el "Ochenio"). Su dictadura fue económicamente favorable para la clase alta —promovió la inversión extranjera y mantuvo la economía abierta— pero políticamente represiva. Prosiguió la persecución del APRA. Al mismo tiempo, el boom de las materias primas durante la Guerra de Corea (1950-1953) generó crecimiento económico y permitió construir obras públicas.

El Primer Gobierno de Belaúnde y el Golpe de Velasco (1968)

Fernando Belaúnde Terry ganó las elecciones de 1963 con un programa reformista: reforma agraria, descentralización y obras de infraestructura. Sin embargo, su gobierno fue bloqueado por el Congreso controlado por la alianza APRA-Odriísmo, que rechazó sus principales iniciativas. El hallazgo del petróleo en la selva norte y las negociaciones con la International Petroleum Company (IPC) se convirtieron en un escándalo que debilitó al gobierno. El 3 de octubre de 1968, el general Juan Velasco Alvarado encabezó un golpe de Estado.

La Revolución de Velasco (1968–1975)

El gobierno del general Velasco fue el más radical y transformador del siglo XX peruano. El Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas implementó una agenda que mezclaba nacionalismo, reformismo social y estatismo económico.

La Reforma Agraria de 1969

El 24 de junio de 1969, día del campesino, Velasco promulgó el Decreto Ley 17716 de Reforma Agraria. Fue la reforma agraria más radical de América Latina: expropió más de 9 millones de hectáreas de tierras de hacienda y las distribuyó entre las comunidades campesinas e indígenas. Las grandes plantaciones azucareras del norte se convirtieron en cooperativas (CAPs — Cooperativas Agrarias de Producción). Las haciendas serranas se transformaron en Sociedades Agrícolas de Interés Social (SAIS).

El impacto de la Reforma Agraria: La hacienda como institución —que había dominado la vida rural peruana desde la época colonial— desapareció. Aproximadamente 370,000 familias campesinas recibieron títulos de tierra. Sin embargo, la reforma tuvo resultados económicos decepcionantes: las cooperativas fueron mal administradas, la producción agrícola cayó y muchos campesinos terminaron con parcelas demasiado pequeñas para ser viables. La reforma cumplió un objetivo social (eliminar el latifundio y la servidumbre) pero no logró modernizar la agricultura peruana.

Las nacionalizaciones

Velasco nacionalizó la International Petroleum Company (IPC) el mismo día del golpe, rebautizando sus instalaciones como Petroperú. También nacionalizó los pesqueros (creando Pesca Perú), la minería (creando Centromin Perú, Tintaya, etc.), los bancos, las telecomunicaciones y los medios de comunicación. El Estado se convirtió en el actor económico dominante.

El quechua como idioma oficial

En 1975, Velasco declaró al quechua idioma oficial del Perú junto con el español —una medida simbólica de profundo significado para los pueblos andinos. También impulsó el "indigenismo oficial": el indígena fue revalorizado como símbolo de la identidad nacional, y la imagen del Inca Túpac Amaru II se convirtió en el emblema del gobierno.

El fin de Velasco

En 1975, Velasco, enfermo y debilitado, fue derrocado por el general Francisco Morales Bermúdez, quien inició una segunda fase más moderada y conservadora del gobierno militar. Este gobierno convocó a una Asamblea Constituyente (1978) y luego a elecciones generales en 1980.

El Retorno a la Democracia y la Crisis de los 80

En 1980, el Perú regresó a la democracia con la elección de Fernando Belaúnde Terry. Sin embargo, este segundo gobierno coincidió con una tormenta perfecta: la crisis de la deuda latinoamericana de 1982, el fenómeno del Niño de 1983 (que destruyó cosechas y puertos), y el inicio de la guerra interna con Sendero Luminoso y el MRTA (ver Capítulo 14).

El Gobierno de Alan García y la Hiperinflación (1985–1990)

Alan García (APRA) ganó las elecciones de 1985 con 53% de los votos, siendo el primer aprista en llegar a la presidencia. Inicialmente implementó políticas heterodoxas: subsidios, controles de precios, limitó el pago de la deuda externa al 10% de las exportaciones. En los primeros dos años, la economía creció y la popularidad de García fue alta. Pero en 1987, la economía entró en colapso: el gobierno quedó sin reservas internacionales, la inflación se disparó y en 1990 el Perú sufrió una de las peores hiperinflaciones de la historia mundial.

La hiperinflación peruana: En 1990, la tasa de inflación anual llegó al 7,649%. El precio de los alimentos se duplicaba cada pocas semanas. El gobierno creó el "Inti" en 1985 para reemplazar el sol (cambiando a razón de 1,000 soles por 1 Inti), pero en 1991 tuvo que reemplazar el Inti por el "Nuevo Sol" (a razón de 1,000,000 de Intis por 1 Nuevo Sol). Los ahorros de familias de clase media se evaporaron. Fue una catástrofe económica que hundió a millones de peruanos en la pobreza.

El Fujimorismo y las Reformas de los 90 (1990–2000)

En un contexto de caos económico y violencia terrorista, el ingeniero Alberto Fujimori —un candidato casi desconocido de origen japonés— derrotó al escritor Mario Vargas Llosa en la segunda vuelta de 1990. Fujimori aplicó un drástico "shock económico" en agosto de 1990 (el "Fujishock"): liberalizó los precios, eliminó los subsidios, abrió la economía al mercado y emprendió privatizaciones masivas. La inflación fue controlada, pero los costos sociales inmediatos fueron devastadores.

En abril de 1992, Fujimori disolvió el Congreso y suspendió la Constitución en un "autogolpe", con el respaldo del ejército. Redactó una nueva Constitución (1993) que permitía la reelección inmediata. Fue reelegido en 1995 y buscó una segunda reelección en 2000 en medio de graves irregularidades electorales. En noviembre de 2000, huyó al Japón tras el escándalo de los "vladivideos" —grabaciones que mostraban a su asesor Vladimiro Montesinos comprando la lealtad de congresistas, jueces y medios de comunicación. Fujimori fue posteriormente extraditado, juzgado y condenado a 25 años de prisión por crímenes de lesa humanidad.

Resumen del Capítulo